Pablo Edmundo Ortiz
Dr. en Cs. Biológicas - Curador de la colección de
Paleontología de la Fundación Miguel Lillo
Entre los más variados objetos de estudio de las ciencias naturales, los dinosaurios constituyen quizá los que mayor impacto han tenido y tienen en la cultura popular, en la que se han arraigado profundamente mediante la transferencia de los resultados de las investigaciones paleontológicas hacia los medios de comunicación.
Se puede decir que actualmente los dinosaurios representan un ícono cultural de escala global que cautiva la imaginación de millones de personas de todo el mundo, tanto niños como adultos. Existen otros importantes grupos de animales extintos, como los gigantes del Pleistoceno durante la “Era del hielo”, los extraordinarios fósiles de Burgess Shale (Canadá) y Cheng Yiang (China) que con su excepcional preservación documentan las primeras etapas en la evolución de los animales, o los cada vez más numerosos restos africanos vinculados directamente con el origen de nuestro propio linaje humano.
Pero no, ninguno puede competir con los dinosaurios en esa fascinación que generan en nosotros desde que somos niños.
Están en todas partes, desde salas de museos, series documentales para televisión, juguetes de toda forma y tamaño, películas taquilleras en el cine, esculturas “in vivo” en parques temáticos, dibujos animados, series de televisión, hasta juegos para computadoras. La influencia cultural a partir de la popularidad masiva del cine (la película “Jurassic Park”, de 1993, dirigida por Steven Spielberg, podría ser tomada como un fuerte punto de inflexión en el crecimiento de esta popularidad actual); y la televisión ha consolidado a los dinosaurios en el imaginario colectivo, convirtiéndolos en iconos culturales.
Fascinación
Vamos entonces a la pregunta ¿Por qué los dinosaurios? ¿De dónde surge la extraña fascinación por estas bestias del Mesozoico, cuyas exhibiciones en museos y en parques temáticos suelen ser las más exitosas?
¿Por qué los dinosaurios nunca dejan de fascinar?El célebre paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould decía que la popularidad de los dinosaurios se debía a tres hechos: su imponente tamaño, su ferocidad y el misterio de ser un grupo real que dominó los ecosistemas terrestres de nuestro planeta durante 160 millones de años, pero que finalmente se extinguió. (Aquí, una salvedad: técnicamente las aves son dinosaurios, pero esa es una historia para otro momento…).
Desde la psicología se ha propuesto que la fascinación por los dinosaurios se basa en varios puntos clave que combinan elementos de realidad y de misterio. En los niños: al ser animales enormes y feroces les permite explorar emociones poderosas y sentir control de la realidad por medio del juego; brindan un sentido de autoridad y de confianza, ya que al memorizar nombres complejos y datos técnicos sienten que conocen más que los adultos sobre un tema específico; interactúan con una fantasía segura, ya que los dinosaurios cuyos huesos están en los museos son como “monstruos reales”.
En los adultos representan una conexión con el pasado profundo, ya que ayudan a comprender la inmensidad del tiempo y una historia de nuestro planeta mucho más extensa que la de la humanidad; el hecho de que sea un grupo que existió, pero que está extinto crea una imagen de misterio sobre cómo vivían, explotando la atracción por lo desconocido; fascinación natural por estos gigantes, porque ver el esqueleto de un animal de unas 50 toneladas pone nuestra propia existencia en perspectiva; la constante aparición de nuevas especies (se describen entre 40 y 50 especies nuevas cada año) y la posibilidad del descubrimiento mantienen vivo el interés científico y popular; como vínculo emocional, los dinosaurios representan un puente hacia la propia infancia.
Cine y dinosaurios: la fórmula que Hollywood no logra agotarMás allá de estas posibles explicaciones sobre nuestra fascinación, cabe destacar también la influencia del “efecto dinosaurio” en la cultura actual: los dinosaurios se convierten en un medio para ejercitar la imaginación, una estimulación al pensamiento simbólico por tratar de entender la realidad; sirven como una puerta de entrada al aprendizaje sobre biología, evolución, extinciones y la historia del planeta; constituyen una parte integral de la exploración y el desarrollo de la imaginación infantil, pudiendo representar el primer contacto de una persona con la ciencia y ser el causante del inicio de muchas vocaciones científicas tempranas.